El Presidente Gustavo Petro parece estar completamente obsesionado. En vez de ocuparse de los verdaderos problemas que afectan a los colombianos, prefiere revivir viejos rumores contra mi hermano, a pesar de que estos han sido desmentidos y desacreditados una y otra vez por la justicia.
Mientras el sistema de salud se desmorona, Petro parece no ver los problemas que realmente afectan al país. Quizás su equipo y él están tan ocupados protegiendo a sus antiguos aliados, vinculados a escándalos de corrupción en Caprecom, Saludcoop y Café Salud, que ya no distinguen la realidad de las fantasías que ellos mismos crean.
Mi hermano no es cualquier persona, y la gente que realmente lo conoce sabe que los valores familiares y la ética han sido siempre su bandera. La justicia ha hablado: el sacerdote que involucraron en el caso, etiquetándolo como cabecilla de los “12 Apóstoles”, fue absuelto y afirmó no conocer ninguna conexión entre mi hermano y el paramilitarismo. El Coronel Benavides, quien supuestamente iba a ser un testigo clave, admitió que le ofrecieron beneficios para incriminarlo, y otro ex policía confesó que solo había oído rumores sin fundamento.
Pero para Petro, eso parece no importar. Es más fácil distraer la atención de sus propios problemas, como la inseguridad, el narcotráfico y la extorsión generalizada, y repetir acusaciones sin sentido contra mi hermano solo por ser mi hermano. ¡Y qué conveniente que sus amigos y aliados estén bien protegidos mientras él desata una cacería de brujas en su propia obsesión!
Que la historia lo juzgue, pero aquellos que realmente conocen a mi hermano saben que su integridad es su verdadero escudo.






